jueves, mayo 26, 2005

Lau...

Hace poquito vi en el blog de Caro, un post donde recordaba cosas lindas sucedidas con su marido. Y como siempre, decidí copiarme.

Mi novia se llama Lau. Pero no alcanza con decir que es mi novia. Es mi mujer. Mi dama. Es mi compañera de ruta, y con ella, voy hombro con hombro todo el tiempo. Todos los tiempos. Es lo que hace que me levante a la mañana con una sonrisa.
Pero para sonrisas, está la de ella. Es algo mágico. Aunque voy a tratar de describirla con este insensible medio que es el lenguaje escrito, no prometo nada. Cuando la veo sonreir sucede una misteriosa química en mi interior, que logra que todo lo triste, malo, y desagradable pase a segundo plano, contagiándome su sonrisa en cuestión de segundos. No puedo verla sonreir y evitar sonreirme yo. Estoy incapacitado para eso.

Pero no es lo único que me hace amarla. Mi sentimiento es muy particular. Por ejemplo, los chistes en código de toda pareja. La veo. Veo sus ojos, su boca, su piel, y ya siento en mi pecho una presión tan grande, tan grande, que necesito abrazarla, besarla, sentir su piel. Pero me contengo, para seguir viéndola, porque mas allá de sus ojos, está su mirada, su sonrisa. Esa mirada que me dice tantas cosas. Sólo hay que saber leerla. No es difícil apreder, pero necesitó su tiempo. Ahora puedo decir que sé lo que me dicen sus ojos. Y me gusta mucho lo que dicen. Por eso es imposible no sentirse muy feliz viendo esa mirada. Y cuando pienso en su mirada, en un arrebato llega su gesto, su expresión que me divierte, y me encanta porque únicamente ella puede hacer ese gesto. Ya mi cuerpo no soporta tanto amor. Tanta alegría. Pero sigue, ella sigue atormentándome, acribillando mi alma con amor, puro y verdadero. Me dice el chiste, ese que sólo yo conozco, haciéndome cómplice suyo. Enlazándome a su vida más aún, como si acaso puediera ya separarme. No. Una vida sin ella escapa a mi imaginación. Perdí esa capacidad. Todo parecería indicar que al fin me siento feliz, y puedo setisfacer mi necesidad de acariciarla. Que equivocado estoy. Porque su voz, me endulza los oídos, y elevo una plegaria para que acabe nunca. No quiero dejar de escucharla. Y todo esto sucede en un solo instante. Ay, como la amo.

Podría extender este post eternamente, tanto como de fuerte es el amor que sentimos. Porque esa es la más grande magia de todo esto. Es mutuo. Y lo sé. Estamos en una instancia que no deja lugar a dudas. Nos amamos. Me ama y la amo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

That's a great story. Waiting for more. Lexapro drugs

Anónimo dijo...

best regards, nice info »